Friday, October 03, 2008
Tuesday, August 19, 2008
Washington DC
Querida Familia,
Definitivamente se me pasó con esto de desaparecerme por casi tres meses, es que este paso por el verano en DC ha sido mucho más intenso de lo que me hubiera imaginado. Ha estado lleno de entretención, trabajo, desafíos, descubrimientos y cansancios varios, todos felices por supuesto. Estoy contenta y agradecida de contar con tantas y tan buenas oportunidades. Ahora que me voy, el balance es más que positivo, aprendí, lo pasé bien, me conocí un poco más y mis horizontes nuevamente se expandieron, el mundo es graaaaande y yo pequeñita para abordarlo y entenderlo todo.
Llegué a DC dos o tres días antes de empezar a trabajar, y amablemente me recibieron en su casa Lea y José Marín. Recién llegada me llevaron a comer a un restaurant hindú y me acompañaron en el recorrido hasta mi trabajo para estar segura que el lunes podría llegar sin problemas a mi jornada de inducción. Los días que viví en la casa de Lea y José fueron buenísimos, conocí a sus amigos gringos, con quienes aproveché de hablar un poco de inglés e introducirlos al hermoso español que extrañaba después de recién terminadas las clases en Madison.
Aproveché mis momentos de descanso entre vinos blancos, buenas conversaciones e invitaciones a bailar con Melanie y Lea. Conocí a los amigos chilenos del Mono (José Marín) quienes fueron un total agrado y aprendizaje. Nunca antes había tenido una relación tan cercana con personas jóvenes relacionadas con las fuerzas armadas y fue realmente interesante conversar con ellos sobre sus trabajos, su experiencia en EE.UU, su mirada respecto al país y a la institución. Entre tanta conversa, partidos de las eliminatorias y buenos vinos, aprendí a conocerlos y a descubrir un mundo en torno a los temas de seguridad y defensa de mi país, resultaron ser grandes personas y tremendos profesionales, de los cuales no puedo más que esperar que les vaya muy bien en el futuro.
Conocí a la Cata, una de las primeras generaciones de mujeres en la fuerza aérea y a su esposo Simón. Pueden creer que son la primera pareja de la fuerza aérea donde ambos pertenecen a las FF.AA?, fue un orgullo conocer su historia y saber que son pioneros y que para adelante seguirán teniendo un sin fin de desafíos.
Aprendí a bailar swing con Wes, que con toda la paciencia del mundo, me enseñó piruetas y saltos que disfruté como una niña y descubrí las bondades de la buena mano de Lea, que resultó ser una excelente cocinera y compañía, buen partner de conversaciones sobre política y la buena vida, así como entrañable compañera en las conversaciones sobre el futuro y los días en DC. Gané una tremenda amiga, una mujer intensa, inteligente, con opinión, súper acogedora y gentil, definitivamente la voy a extrañar.
Recién llegada al trabajo, no puedo dejar de decirles que estaba feliz, siempre pensé que quería trabajar en un organismo internacional en Washington, y bueno, lo había logrado. El primer día estaba entusiasmada y ansiosa. Después de una larga jornada y de conocer a quienes serían mis compañeros me presentaron a mi futura jefa que resultó ser una mujer inteligente, generosa, súper directa y profesional, a quien en estos meses le gané un montón de cariño y respeto. Aprendí de ella en este tiempo y de su pasión por su programa y lo que hace. Me reafirmó que trabajar tiene sentido cuando uno piensa que se está jugando cosas importantes y que a pesar del tiempo, seguir innovando y creyendo que las cosas se pueden transformar vale la pena.
Mi paso por el BID fue realmente bueno, aprendí, me di cuenta que sabía y que soy súper adaptable y capaz de hacer un montón de cosas en diferentes contextos, aprender rápido y sentirme como en mi casa en cosa de días, y también me di cuenta que mi trabajo en Chile me ayudó a desarrollar un montón de habilidades, pero más que nada me sirvió para sentirme súper orgullosa de las personas con las que trabajé en Chile, definitivamente estamos llenos de profesionales jóvenes, competentes, ambiciosos y capaces que podrían desempeñarse acá y en cualquier lugar sin ningún problema.
La pasada por el BID me aportó algo que nunca imaginé que podría ganar…. Redescubrí América latina, aprendí de política, economía, comidas, costumbres, palabras, modismos, de la gente a través de mis compañeros de trabajo, en especial los otros interns. Por primera vez le puse rostro a Centro América, aprendí a distinguir sus acentos, a conocer sus historias y a reconocerme como parte de una cultura común. A darme cuenta que soy chilena y qué significa mi identidad, como nos ven y que me gusta y que no de ser chilena. Descubrí que si no fuera chilena me habría gustado ser colombiana, hablar como ellos, comer sus frutas y aprender de su música. Volví a bailar salsa, bachata y merengue y ver que los hombres bailan mejor de lo que conocemos en Chile, que con Bolivia definitivamente está siempre en la conversación nuestros temas pendientes y que estoy esperando mi momento para viajar por el continente y probar todas esas cosas buenas que me relataron de Ecuador, Paraguay, Uruguay, Perú, Brazil, Argentina, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Rusia, Trinidad y Tobago……..
Como para hacer todo esto aún mejor en los tres meses que trabajé acá tuve la oportunidad de viajar a Guatemala y Ecuador como parte de dos misiones, conocí Tikal, me sentí pequeñita y maravillada mirando desde la cúspide de un templo sagrado la inmensidad de la selva que parece un mar verde, aprendí algo de los Mayas y sentí que la historia del mundo es larga y llena de sinuosidades, donde no sé en qué momento estamos y como se lo cuento a mis hijos y nietos que algún día vendrán. Vi también la pobreza, la ostentación de unos pocos y niveles de concentración que llegan a doler. Tuve tiempo de pasear y conocer y además, de relacionarme profesionalmente y hacer un muy buen trabajo. Ufff que suerte y que buen balance para tan pocos meses.
Definitivamente se me pasó con esto de desaparecerme por casi tres meses, es que este paso por el verano en DC ha sido mucho más intenso de lo que me hubiera imaginado. Ha estado lleno de entretención, trabajo, desafíos, descubrimientos y cansancios varios, todos felices por supuesto. Estoy contenta y agradecida de contar con tantas y tan buenas oportunidades. Ahora que me voy, el balance es más que positivo, aprendí, lo pasé bien, me conocí un poco más y mis horizontes nuevamente se expandieron, el mundo es graaaaande y yo pequeñita para abordarlo y entenderlo todo.
Llegué a DC dos o tres días antes de empezar a trabajar, y amablemente me recibieron en su casa Lea y José Marín. Recién llegada me llevaron a comer a un restaurant hindú y me acompañaron en el recorrido hasta mi trabajo para estar segura que el lunes podría llegar sin problemas a mi jornada de inducción. Los días que viví en la casa de Lea y José fueron buenísimos, conocí a sus amigos gringos, con quienes aproveché de hablar un poco de inglés e introducirlos al hermoso español que extrañaba después de recién terminadas las clases en Madison.
Aproveché mis momentos de descanso entre vinos blancos, buenas conversaciones e invitaciones a bailar con Melanie y Lea. Conocí a los amigos chilenos del Mono (José Marín) quienes fueron un total agrado y aprendizaje. Nunca antes había tenido una relación tan cercana con personas jóvenes relacionadas con las fuerzas armadas y fue realmente interesante conversar con ellos sobre sus trabajos, su experiencia en EE.UU, su mirada respecto al país y a la institución. Entre tanta conversa, partidos de las eliminatorias y buenos vinos, aprendí a conocerlos y a descubrir un mundo en torno a los temas de seguridad y defensa de mi país, resultaron ser grandes personas y tremendos profesionales, de los cuales no puedo más que esperar que les vaya muy bien en el futuro.
Conocí a la Cata, una de las primeras generaciones de mujeres en la fuerza aérea y a su esposo Simón. Pueden creer que son la primera pareja de la fuerza aérea donde ambos pertenecen a las FF.AA?, fue un orgullo conocer su historia y saber que son pioneros y que para adelante seguirán teniendo un sin fin de desafíos.
Aprendí a bailar swing con Wes, que con toda la paciencia del mundo, me enseñó piruetas y saltos que disfruté como una niña y descubrí las bondades de la buena mano de Lea, que resultó ser una excelente cocinera y compañía, buen partner de conversaciones sobre política y la buena vida, así como entrañable compañera en las conversaciones sobre el futuro y los días en DC. Gané una tremenda amiga, una mujer intensa, inteligente, con opinión, súper acogedora y gentil, definitivamente la voy a extrañar.
Recién llegada al trabajo, no puedo dejar de decirles que estaba feliz, siempre pensé que quería trabajar en un organismo internacional en Washington, y bueno, lo había logrado. El primer día estaba entusiasmada y ansiosa. Después de una larga jornada y de conocer a quienes serían mis compañeros me presentaron a mi futura jefa que resultó ser una mujer inteligente, generosa, súper directa y profesional, a quien en estos meses le gané un montón de cariño y respeto. Aprendí de ella en este tiempo y de su pasión por su programa y lo que hace. Me reafirmó que trabajar tiene sentido cuando uno piensa que se está jugando cosas importantes y que a pesar del tiempo, seguir innovando y creyendo que las cosas se pueden transformar vale la pena.
Mi paso por el BID fue realmente bueno, aprendí, me di cuenta que sabía y que soy súper adaptable y capaz de hacer un montón de cosas en diferentes contextos, aprender rápido y sentirme como en mi casa en cosa de días, y también me di cuenta que mi trabajo en Chile me ayudó a desarrollar un montón de habilidades, pero más que nada me sirvió para sentirme súper orgullosa de las personas con las que trabajé en Chile, definitivamente estamos llenos de profesionales jóvenes, competentes, ambiciosos y capaces que podrían desempeñarse acá y en cualquier lugar sin ningún problema.
La pasada por el BID me aportó algo que nunca imaginé que podría ganar…. Redescubrí América latina, aprendí de política, economía, comidas, costumbres, palabras, modismos, de la gente a través de mis compañeros de trabajo, en especial los otros interns. Por primera vez le puse rostro a Centro América, aprendí a distinguir sus acentos, a conocer sus historias y a reconocerme como parte de una cultura común. A darme cuenta que soy chilena y qué significa mi identidad, como nos ven y que me gusta y que no de ser chilena. Descubrí que si no fuera chilena me habría gustado ser colombiana, hablar como ellos, comer sus frutas y aprender de su música. Volví a bailar salsa, bachata y merengue y ver que los hombres bailan mejor de lo que conocemos en Chile, que con Bolivia definitivamente está siempre en la conversación nuestros temas pendientes y que estoy esperando mi momento para viajar por el continente y probar todas esas cosas buenas que me relataron de Ecuador, Paraguay, Uruguay, Perú, Brazil, Argentina, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Rusia, Trinidad y Tobago……..
Como para hacer todo esto aún mejor en los tres meses que trabajé acá tuve la oportunidad de viajar a Guatemala y Ecuador como parte de dos misiones, conocí Tikal, me sentí pequeñita y maravillada mirando desde la cúspide de un templo sagrado la inmensidad de la selva que parece un mar verde, aprendí algo de los Mayas y sentí que la historia del mundo es larga y llena de sinuosidades, donde no sé en qué momento estamos y como se lo cuento a mis hijos y nietos que algún día vendrán. Vi también la pobreza, la ostentación de unos pocos y niveles de concentración que llegan a doler. Tuve tiempo de pasear y conocer y además, de relacionarme profesionalmente y hacer un muy buen trabajo. Ufff que suerte y que buen balance para tan pocos meses.
Tuesday, January 29, 2008
De vuelta a la capacha
De vuelta a la capacha
Nunca pensamos que Chile era un lugar tan maravilloso para vivir, definitivamente, las tres semanas que estuvimos allá fueron las mejores vacaciones de nuestra vida, llena de cariños, familia, amigos, comida rica y calorcito.
Disfrutamos cada día de sol, cada comida rica, el buen sushi, el pastel de choclo, las humitas con tomates rojos de verdad y jugosos, los melones, las sandías, los duraznos recién sacados del árbol de la parcela de la abuelita, y el vino y las piscolas correspondientes que no podían faltar.
Fue difícil volver de Chile; fue definitivamente volver a la capacha. Subiéndonos al avión fue como meternos al closet de las crónicas de Narnia para entrar a un mundo como irreal, donde la gente camina como pingüino y el frío es ridículo, por no encontrar una mejor palabra para describir lo que es vivir con 20 grados bajo cero en promedio.
Saliendo de Santiago tuvimos un excelente vuelo, pudimos ponernos al día con las horas de sueño que en Chile nos escasearon y disfrutamos del acento de los mexicanos que era como ver una teleserie del siete en vivo y en directo. Una hora antes de llegar al aeropuerto del D.F. nos avisaron que el aeropuerto estaba cerrado por clima y que tendríamos que aterrizar en Acapulco hasta nuevo aviso. Vimos amanecer en Acapulco, algunas palmeras y no nos quedó más que esperar dos horas en el avión mientras nos permitían volver a volar. Fue buena idea llevar unos superochos de mi mamá en la mochila, la próxima vez aceptaremos todos los sanguchitos y dulces que nos quieran mandar, que después de aprender que no hay forma de llegar a nuestro destino en el itinerario presupuestado, no es buena idea andar desprovisto de comida y no contar con ningún quiosquito a la mano…..
De tres viajes entre Santiago y Madison, tenemos una pérdida de avión, una cancelación de vuelo y un cierre de aeropuerto. Tres de tres. El que quiera viajar con nosotros nos avisa.
Finalmente, después de dar vueltas como 40 minutos sobre el D.F para aterrizar, logramos llegar a la mitad de nuestro destino. Obviamente perdimos la conexión siguiente, que era a las nueve de la mañana y nos pusieron en otro avión a las tres de la tarde. En el aeropuerto de México nos atendieron demasiado bien, disfrutamos con la amabilidad de la gente y el acento, todo el tiempo era como un sketch del chavo del ocho y quedamos super entusiasmados con volver a México y conocerlo de verdad.
El avión nuevamente se atrasó, y finalmente llegamos a Chicago justo antes de tomar el último bus a Madison, si no hubiera sido así, abríamos dormido en el aeropuerto y eso ya sería mucho.
Cuando llegamos a policía internacional, el funcionario nos preguntó How are you related? y la Paulina que es la encargada de las relaciones internacionales de esta familia no podía entender, es que las primeras palabras en inglés después de tres semanas en Chile suenan como Chino, pero José sagazmente, que dice que no ha aprendido mucho inglés, le contestó We are married, entonces el oficial sonrió, nos timbró nuestros papeles de ingreso y nos salvó de la situación.
Saliendo del aeropuerto a la 1 am de Chile del día siguiente a nuestra partida, fuimos a tomar el bus sin parka, creyendo que no sería para tanto y casi nos congelamos. Camino a Madison, fue realmente como entrar en Fargo, nieve por todas partes, hielo en las calles y nadie caminando.
Un buen amigo chileno, Pancho el de las mostazas, nos fue a buscar al terminal y nos trajo a nuestra casa, (a eso ya eran las cuatro de la mañana en Chile). Es difícil describir la impresión por el frío pero les podemos decir que un bidón de agua destilada que estaba dentro de la camioneta de Pancho estaba completamente congelado y nosotros algo parecido.
Llegamos a la casa y descubrimos nuevamente nuestro espacio, estaba todo en orden, bonito y limpito, listo para empezar el nuevo semestre. A pesar del viaje, la Paulina estaba lista para ir a clases al día siguiente, pero por suerte nos enteramos a esa hora que el lunes era feriado así es que pudimos descansar, ir al supermercado y preparar panqueques con manjar para Pancho y otros chilenos que nos recibieron.
El auto, que estaba bajo una capa de cuarenta centímetros de nieve, que costó sacar más de una hora de trabajo forzado, para el cual habíamos conseguido cables de batería y otro auto para hacer puente (jump)….. funcionó milagrosamente al primer contacto, luego de tres semanas de abandono.
Esta primera semana ha sido la peor semana en la historia de la vida de Jose. En primer lugar el miércoles se le fundió la pequeña tele de 32”. Por una razón que desconocemos al enchufarla suena un pito y no se ve nada. José desarmó la tele e insistía en que era
un fusible quemado el causante del problema, pero a pesar de mirar, mover y en ocasiones golpear los cables y bobinas nada pasó.
Nunca pensamos que Chile era un lugar tan maravilloso para vivir, definitivamente, las tres semanas que estuvimos allá fueron las mejores vacaciones de nuestra vida, llena de cariños, familia, amigos, comida rica y calorcito.
Disfrutamos cada día de sol, cada comida rica, el buen sushi, el pastel de choclo, las humitas con tomates rojos de verdad y jugosos, los melones, las sandías, los duraznos recién sacados del árbol de la parcela de la abuelita, y el vino y las piscolas correspondientes que no podían faltar.
Fue difícil volver de Chile; fue definitivamente volver a la capacha. Subiéndonos al avión fue como meternos al closet de las crónicas de Narnia para entrar a un mundo como irreal, donde la gente camina como pingüino y el frío es ridículo, por no encontrar una mejor palabra para describir lo que es vivir con 20 grados bajo cero en promedio.
Saliendo de Santiago tuvimos un excelente vuelo, pudimos ponernos al día con las horas de sueño que en Chile nos escasearon y disfrutamos del acento de los mexicanos que era como ver una teleserie del siete en vivo y en directo. Una hora antes de llegar al aeropuerto del D.F. nos avisaron que el aeropuerto estaba cerrado por clima y que tendríamos que aterrizar en Acapulco hasta nuevo aviso. Vimos amanecer en Acapulco, algunas palmeras y no nos quedó más que esperar dos horas en el avión mientras nos permitían volver a volar. Fue buena idea llevar unos superochos de mi mamá en la mochila, la próxima vez aceptaremos todos los sanguchitos y dulces que nos quieran mandar, que después de aprender que no hay forma de llegar a nuestro destino en el itinerario presupuestado, no es buena idea andar desprovisto de comida y no contar con ningún quiosquito a la mano…..
De tres viajes entre Santiago y Madison, tenemos una pérdida de avión, una cancelación de vuelo y un cierre de aeropuerto. Tres de tres. El que quiera viajar con nosotros nos avisa.
Finalmente, después de dar vueltas como 40 minutos sobre el D.F para aterrizar, logramos llegar a la mitad de nuestro destino. Obviamente perdimos la conexión siguiente, que era a las nueve de la mañana y nos pusieron en otro avión a las tres de la tarde. En el aeropuerto de México nos atendieron demasiado bien, disfrutamos con la amabilidad de la gente y el acento, todo el tiempo era como un sketch del chavo del ocho y quedamos super entusiasmados con volver a México y conocerlo de verdad.
El avión nuevamente se atrasó, y finalmente llegamos a Chicago justo antes de tomar el último bus a Madison, si no hubiera sido así, abríamos dormido en el aeropuerto y eso ya sería mucho.
Cuando llegamos a policía internacional, el funcionario nos preguntó How are you related? y la Paulina que es la encargada de las relaciones internacionales de esta familia no podía entender, es que las primeras palabras en inglés después de tres semanas en Chile suenan como Chino, pero José sagazmente, que dice que no ha aprendido mucho inglés, le contestó We are married, entonces el oficial sonrió, nos timbró nuestros papeles de ingreso y nos salvó de la situación.
Saliendo del aeropuerto a la 1 am de Chile del día siguiente a nuestra partida, fuimos a tomar el bus sin parka, creyendo que no sería para tanto y casi nos congelamos. Camino a Madison, fue realmente como entrar en Fargo, nieve por todas partes, hielo en las calles y nadie caminando.
Un buen amigo chileno, Pancho el de las mostazas, nos fue a buscar al terminal y nos trajo a nuestra casa, (a eso ya eran las cuatro de la mañana en Chile). Es difícil describir la impresión por el frío pero les podemos decir que un bidón de agua destilada que estaba dentro de la camioneta de Pancho estaba completamente congelado y nosotros algo parecido.
Llegamos a la casa y descubrimos nuevamente nuestro espacio, estaba todo en orden, bonito y limpito, listo para empezar el nuevo semestre. A pesar del viaje, la Paulina estaba lista para ir a clases al día siguiente, pero por suerte nos enteramos a esa hora que el lunes era feriado así es que pudimos descansar, ir al supermercado y preparar panqueques con manjar para Pancho y otros chilenos que nos recibieron.
El auto, que estaba bajo una capa de cuarenta centímetros de nieve, que costó sacar más de una hora de trabajo forzado, para el cual habíamos conseguido cables de batería y otro auto para hacer puente (jump)….. funcionó milagrosamente al primer contacto, luego de tres semanas de abandono.
Esta primera semana ha sido la peor semana en la historia de la vida de Jose. En primer lugar el miércoles se le fundió la pequeña tele de 32”. Por una razón que desconocemos al enchufarla suena un pito y no se ve nada. José desarmó la tele e insistía en que era
La red de chilenos nos advirtió que mandarla al servicio técnico sería carísimo así es que aceptamos una tele pequeñita de regalo que por lo menos funciona.
Para seguir con la semana, hoy por la mañana José recibió una carta con un regalo especial, su permiso de trabajo. Sin tele y con permiso de trabajo, la suerte está echada, se acuerda de todo esto y se ríe nerviosamente y al mismo llora desconsoladamente, a veces la vida decide por uno, jajajaja.
Como siempre Dios nos acompaña y buenas cosas nos pasan en la vida, y las no tan buenas igual las disfrutamos, de seguro que volvemos de Madison llenos de experiencias y capaces de vivir hasta en la villa las estrellas de la Antártida con o sin tele.
Para seguir con la semana, hoy por la mañana José recibió una carta con un regalo especial, su permiso de trabajo. Sin tele y con permiso de trabajo, la suerte está echada, se acuerda de todo esto y se ríe nerviosamente y al mismo llora desconsoladamente, a veces la vida decide por uno, jajajaja.
Como siempre Dios nos acompaña y buenas cosas nos pasan en la vida, y las no tan buenas igual las disfrutamos, de seguro que volvemos de Madison llenos de experiencias y capaces de vivir hasta en la villa las estrellas de la Antártida con o sin tele.
Saturday, January 26, 2008
EL OSO
Yo vivia en el bosque muy contento
caminaba, caminaba sin cesarlas
mañanas y las tardes eran mias
a la noche me tiraba a descansar.
Pero un dia, vino el hombre con sus jaulas
me en encerro y me llevo a la ciudad
En el circo me enseñaron las piruetas
y yo asi perdi mi amada libertad.
nunca el techo y la comida han de faltar,
solo exigen que hagamos las piruetas
Han pasado cuatro años de esta vida
con el circo recorri el mundo asi
pero nunca pude olvidarme del todo
de mis bosques, de mis tardes y de mi.
En un pueblito alejado alguien no cerro el candado
Era una noche sin luna y yo deje la ciudad
Ahora piso yo el suelo de mi bosque
otra vez el verde de la libertad
estoy viejo pero las tardes son mias
Vuelvo al bosque, estoy contento de verdad...

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